¡LEVANTAOS MUJERES INDOLENTES!

¡LEVANTAOS MUJERES INDOLENTES!


“Mujeres indolentes, levantaos, oíd mi voz, hijas confiadas escuchad mi razón. De aquí a algo más de un año, tendréis espanto, oh confiadas; porque la vendimia faltará, y la cosecha no vendrá. Temblad oh indolentes, turbaos oh confiadas; despojaos, desnudaos, ceñid los lomos con cilicio. Golpeándose el pecho, lamentaran por los campos deleitosos, por la vid fértil.” Isaías 32: 9 – 12
Indolente: raíz etimológica del Latín “indolens” o “indolentis”que significa “el que no sufre” – ausencia de dolor – al que nada le afecta.
Indolente es una persona que tiene pereza y falta de voluntad para hacer una cosa.
Estas son algunas de las actitudes que lo caracterizan: No se conmueve, insensible a cualquier conmoción, apático, indiferente, negligente, descuidado, dejado. En el área de la Psicología, se analiza como una persona que no se conmueve ante el dolor de otros individuos e incluso de aquellos que forman parte de su núcleo familiar.
Uno de los peligros más grandes es darle la espalda a Dios, y volvernos a los placeres que el mundo ofrece, dándole prioridad a las cosas materiales y abandonando el propósito de Dios para nuestras vidas, desechando su ayuda divina, la cual El siempre está dispuesto a darnos, no porque seamos buenos o lo merezcamos, sino que es por su Misericordia.
Esta es una de las palabras más fuertes que leemos de parte del Señor para las Mujeres; aunque es aplicable a los hombres también; nos vamos a referir en este artículo a analizar por qué algunas mujeres han caído en este estado, como aquellas mujeres en Jerusalén.
“Oid mi voz” dice el Señor, dejar de escuchar la voz de Dios atreves de la lectura diaria de su Palabra, y nuestra conversación con El por medio de la oración; damos inicio a razonar por nuestra propia cuenta y no tomamos en consideración sus pensamientos, ni sus planes de bien para nuestra vida. La apatía, negligencia y pereza espiritual toman lugar y ya nada importa de lo que pasa alrededor. La indolencia es un estado mental sumamente peligroso, enceguece y endurece el corazón.
“Escuchad mi razón”, nos da a entender claramente que la mujer ya no razona con cordura, sino se deja llevar por sus propios instintos carnales, le llama más la atención lo externo, la apariencia física es su prioridad, se vuelve negligente hacia su vida espiritual, ya no le importa si va por el camino equivocado y sin Dios, aunque asista a la iglesia no significa que camina con El, se olvida de la necesidad que su alma tiene y deja de alimentarla adecuadamente, la cual se abate por la ausencia de Dios. Y lo más triste, ya no siente dolor por su prójimo que sufre; aquellos que están cautivos en pecados, vicios, pobreza material y física, se vuelve insensible a las necesidades de otros.
Nuestro Dios en su infinita misericordia y amor, da oportunidades para que el pecador se arrepienta, y sea restaurado, pero El pide una sola cosa, “arrepentimiento genuino” como el Rey David lo expresa en el Salmo 51, primeramente reconoce su falta y después clama, le suplica a Dios que lo perdone. El Señor hace un llamado a las mujeres indolentes, les dice “despojaos, desnudaos y ceñid los lomos con cilicio”.
El primer paso es reconocer que le hemos fallado a Dios, con nuestras actitudes, acciones y manera de vivir, lo hemos deshonrado que es lo contrario de Glorificarlo y Adorarlo razón por la cual existimos. Seguidamente renunciar a todo aquello que le habíamos dado prioridad, despojarnos de malos hábitos, y costumbres especialmente aquellas que nos volvieron insensibles, negligentes y apáticas. Aquí podríamos mencionar algunas actividades que parecieran no ser tan perjudiciales, como pasar horas en las redes sociales, viendo películas o programas en televisión; analicemos si el tiempo invertido en todo esto supera, al tiempo que dedicamos a Dios, y si las oraciones se limitan solamente para los tiempos de comida, entonces las prioridades no están equilibradas como debiera ser y el resultado es que nos volvemos personas “indolentes” por las influencias externas que nosotros hemos permitido.
“ceñid los lomos con cilicio” esto es en señal de humillación, arrepentimiento, dolor y sufrimiento; el cilicio era un tejido áspero hecho generalmente de pelo de cabra o de camello, se llevaba también en señal de duelo, y de profunda tristeza. Dios llama al arrepentimiento a la mujer indolente, y le advierte que si no se arrepiente, no habrá cultivo por lo tanto no obtendrán fruto, para el sustento de su familia y supervivencia, y además habrá ¡espanto!
Espiritualmente hablando, no habrá gozo, ni paz en su vida, la conciencia se cauteriza, la presencia del Espíritu Santo se ha alejado, quedando a la deriva del enemigo que anda como león rugiente viendo a quien devorar; la presa más provocativa es la que ha decaído en la fe primeramente, y que no vive más conforme a los mandatos de Dios. Estamos analizando en el caso de la Mujer que tuvo el privilegio de estar en los caminos del Señor y se desvió del camino, así como también de la que no toma en serio las cosas de Dios, y asiste a la iglesia por costumbre u otros motivos que no son los correctos.
Permítame decirle, que el pecado debería causar un dolor intenso por haber ofendido a Dios, a tal punto que nos lleve a un arrepentimiento genuino, y que nunca jamás regresemos a ese pecado; esto nos guardara de darle la espalda a Dios, y todo lo contrario mientras más lo conocemos, más vamos anhelar obedecerle, adorarlo, escucharle y depender de El en todo.
Llegar a esta dimensión de Gloria en nuestra vida, ¡es maravilloso! Somos bendecidos Adorando a Dios con libertad, dando frutos dignos de arrepentimiento, y obtenemos sanidad no solo para el alma, sino también física, espiritual y emocional. Entonces si estaremos en condición para ayudar a los demás, empezando con nuestros hijos, esposo, demás familiares y amigos; lo opuesto de ser “indolente” es sentir dolor por el que sufre, generosos, dispuestos a servir siempre, y que todo lo que hagamos sea para su Gloria y Honra.
Oración:
Padre Eterno, queremos ser un reflejo de su amor, bondad y misericordia; no permita que las influencias del mundo contaminen nuestra alma, mente, espíritu y voluntad; para que seamos mujeres sensibles a su voz y a las necesidades de los demás. En el nombre de Jesús. Amen.

En su Servicio,
Hna. Reyna Ester

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